ANMAT moderniza certificación de buenas prácticas para plantas de suplementos

Me acuerdo de una tarde en el mercado de Salta, con Doña Eulogia. Una señora llegó con una bolsa de hojas secas que le había vendido un ‘curandero’ en la feria. Decía que era para ‘limpiar el hígado’ y que le iba a sacar la diabetes. Doña Eulogia olió las hojas, las desmenuzó entre los dedos y me miró. ‘Esto es boldo mezclado con no sé qué yuyo amargo’, me dijo. ‘Decile que se lo lleve al médico, que la diabetes no se cura con té’. La señora se fue enojada. ‘¿Viste?’, me dijo Doña Eulogia. ‘El que promete cura, miente. Y el que cree, a veces se olvida de su remedio de farmacia’. Esa tarde entendí que mi trabajo no es vender esperanza, es dar información que no haga daño.
Por eso cuando leo una noticia como esta —que la ANMAT moderniza la certificación de buenas prácticas para plantas de suplementos—, lo primero que pienso es en esa señora. En todas las personas que compran un frasco con una etiqueta linda y piensan que ‘como es natural, no me puede hacer mal’. Y no es así. La ANMAT, mediante la Disposición 7998/25, está diciendo: ‘Mirá, vamos a controlar mejor cómo se fabrican esos suplementos’. Y eso, créeme, es un paso enorme.
¿Qué cambia con esta disposición?
Según el Gobierno de Santa Fe, que difundió el alerta sanitario con la información oficial (fuente original), la ANMAT moderniza el proceso de certificación de buenas prácticas de fabricación para plantas de suplementos. ¿Qué significa esto en criollo? Que las fábricas que producen esos suplementos —ya sean cápsulas de té verde, polvos de maca o jarabes de equinácea— van a tener que cumplir con estándares más claros y exigentes para poder certificarse.
No es un cambio menor. Hasta ahora, muchas plantas se vendían en un gris normativo: no eran medicamentos, no eran alimentos, eran ‘suplementos dietarios’ y cada cual hacía lo que podía. Con esta disposición, la ANMAT pone el ojo en cómo se fabrican, cómo se controlan y cómo se asegura que lo que dice la etiqueta sea lo que hay adentro. Porque, seamos sinceros: ¿cuántas veces compraste un suplemento y no sabías si realmente tenía lo que prometía?
Lo que no te dicen en el folleto
Acá va mi advertencia honesta, la que no viene en el envase: natural no quiere decir seguro. Una planta puede ser perfectamente natural y, al mismo tiempo, interactuar con tu medicación, causarte alergias o, si está mal procesada, tener contaminantes. La certificación de buenas prácticas no es un capricho burocrático: es una forma de garantizar que lo que estás tomando no te va a hacer daño.
¿Qué dice la evidencia? Vamos a mirarla. Hay estudios que muestran que muchos suplementos herbales no contienen las plantas que dicen tener, o contienen otras especies, o tienen metales pesados. La ANMAT, con esta disposición, apunta justo a eso: a que el proceso de fabricación sea trazable, controlado y reproducible. No es una cura mágica, es un control de calidad. Y eso, para nosotros los argentinos que consumimos estos productos, es una buena noticia.
Guía práctica: 5 pasos para elegir un suplemento con cabeza
Desde mi experiencia como farmacéutica y con la enseñanza de Doña Eulogia siempre presente, te dejo esto:
- Buscá el número de registro ANMAT en el envase. Si no tiene, no lo compres. Es la primera señal de que algo no está controlado.
- Leé la lista de ingredientes. Si ves ‘extracto de…’ sin especificar la parte de la planta o la concentración, desconfiá. Una cosa es ‘hojas de boldo’ y otra ‘boldo 4:1’.
- Preguntate: ¿para qué lo necesito? Si es para ‘subir las defensas’ o ‘desintoxicar’, frená. Esas son promesas vagas. Buscá un objetivo concreto: ¿es para acompañar un tratamiento? ¿Para un déficit específico?
- Consultá con un profesional. No con el que te vende en la dietética. Con un médico o un farmacéutico que sepa de fitoterapia. Porque eso interactúa con tu medicación, ojo.
- No te dejes llevar por el precio. Un suplemento caro no es necesariamente mejor, pero uno muy barato probablemente no tenga control de calidad. Buscá el equilibrio.
Preguntas que me hacen siempre
¿Todos los suplementos de plantas van a tener que certificarse?
Según la disposición, aplica a las plantas de suplementos que buscan la certificación de buenas prácticas de fabricación. No es automático para todos, pero es un paso para que quienes quieran certificarse tengan un camino claro y exigente.
¿Esto significa que los suplementos que ya compro son seguros?
No necesariamente. La disposición moderniza el proceso, pero no es una garantía instantánea para todos los productos del mercado. Seguí usando el sentido común y revisando etiquetas.
¿Puedo dejar mi medicación y tomar solo plantas?
No. Nunca. Las plantas no curan enfermedades crónicas ni reemplazan tratamientos médicos. Pueden acompañar, pero siempre bajo supervisión profesional. Si tenés diabetes, hipertensión, epilepsia o cualquier condición, no hagas cambios sin hablar con tu médico.
¿Qué hago si un suplemento me hace mal?
Dejá de tomarlo inmediatamente y consultá a un médico. Si podés, guardá el envase para mostrarle al profesional. Y reportalo a la ANMAT a través de su sistema de farmacovigilancia.
¿Los suplementos importados también se controlan?
Sí, si se venden legalmente en Argentina deben tener registro ANMAT. Si comprás por internet sin registro, estás tomando un riesgo. No sabés cómo se fabricó, ni con qué estándares.
¿La certificación asegura que el suplemento funciona?
No. La certificación de buenas prácticas asegura que se fabricó correctamente, no que tenga eficacia comprobada para lo que promete. Eso es otra cosa. No confundas calidad con efectividad.
Lo que dice la ciencia
Acá va mi cierre con honestidad: la evidencia sobre la eficacia de la mayoría de los suplementos herbales es limitada. Hay plantas con respaldo científico sólido —como la manzanilla para molestias digestivas leves o la valeriana para el insomnio ocasional—, pero muchas otras se venden con promesas que no tienen estudios serios que las respalden. La disposición de la ANMAT no habla de eficacia, habla de calidad de fabricación. Y eso está bien: primero hay que asegurarse de que lo que tomás no te haga daño. Después, si sirve o no, es otro debate.
Yo sigo teniendo hierbas secándose en la cocina. Sigo yendo al mercado y escuchando a Doña Eulogia. Pero antes de recomendar algo, busco la ficha del fabricante, reviso el registro y me pregunto: ‘¿Qué dice la evidencia?’. Y si no hay, lo digo. Prefiero decepcionarte con la verdad que ilusionarte con humo.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. Las plantas y remedios naturales no curan enfermedades ni reemplazan tratamientos médicos; algunos interactúan con medicamentos. Nunca prometas curas. Ante una enfermedad, siempre el médico.
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